El Gobierno de España instaló una barrera flotante de 500 metros frente a la frontera con Marruecos en Ceuta, después de un cruce masivo de migrantes que dejó al menos 67 personas fallecidas. La medida busca controlar el ingreso irregular tras el ingreso de alrededor de 60 mil personas desde el 30 de julio.
Respuesta inmediata y medidas de control
Las autoridades españolas informaron que los cruces nocturnos de migrantes cesaron prácticamente durante la noche del viernes al sábado, y que más de 48 mil personas retornaron a Marruecos en las primeras 48 horas. La Guardia Civil inició la instalación de la barrera en la zona del rompeolas de Tarajal, compuesta por una estructura neumática y una línea de boyas ancladas que sobresalen entre 30 y 70 centímetros del agua, extendiéndose hasta un metro bajo la superficie.
Esta barrera permite dejar un canal abierto para el patrullaje de embarcaciones oficiales, reforzando el control marítimo en la frontera. El operativo policial y militar continuará mientras sea necesario para mantener el orden, que España logró restablecer en gran medida en un plazo de 24 horas.
Impacto humano y responsabilidades
En el lado español de la frontera se recuperaron 67 cuerpos, algunas víctimas murieron ahogadas y otras al ser aplastadas al intentar escalar el rompeolas y la valla fronteriza. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, responsabilizó a las redes de tráfico de personas por aprovecharse de migrantes vulnerables y difundir información errónea sobre una resolución judicial relacionada con las devoluciones en el mar.
Grande-Marlaska afirmó además que Marruecos no representa ninguna amenaza para Ceuta ni para España, calificándolo como un socio totalmente fiable. El gobierno reiteró que quienes ingresaron de manera irregular a Ceuta no podrán continuar su viaje hacia la España peninsular ni hacia otros países del espacio Schengen, y que los controles de identidad se aplican a quienes abandonan Ceuta por vía marítima o aérea.
Reacciones internacionales y coordinación europea
La crisis migratoria en Ceuta ha generado una respuesta conjunta en la Unión Europea. Veintidós Estados miembros solicitaron acciones coordinadas para reforzar las fronteras exteriores del bloque. Irlanda convocó una reunión de emergencia de ministros del Interior para analizar la situación el próximo martes.
El presidente Pedro Sánchez criticó la decisión de Italia de suspender durante un mes los acuerdos de viaje Schengen sin pasaporte con España, calificando esta medida como una reacción egoísta, polarizadora e ilegal en el contexto internacional actual.
El gobierno español también rechazó que su programa de regularización migratoria haya incentivado el reciente cruce masivo, enfatizando que las acciones tomadas buscan garantizar la seguridad y el orden en la frontera de Ceuta.

