El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) adjudicó un contrato por 16.7 millones de dólares para la compra de 6,000 guantes capaces de administrar descargas eléctricas. Estos dispositivos, conocidos como guantes G.L.O.V.E., serán utilizados para controlar a personas detenidas que se resistan activa o pasivamente.
Características y uso previsto de los guantes
El ICE describe estos guantes como “dispositivos conductores de distracción y desescalada” que permitirán a los agentes controlar situaciones tensas sin recurrir a armas más letales. Según la agencia, actualmente no cuentan con ningún dispositivo de uso de la fuerza que no implique el contacto manual, por lo que estos guantes buscan ofrecer una alternativa para calmar conflictos antes de que escalen a violencia.
Rechazo y preocupaciones de senadores y organizaciones
La senadora demócrata Catherine Cortez Masto, junto con otros 15 senadores (14 demócratas y 1 independiente), solicitaron al ICE cancelar la compra. Los legisladores manifestaron dudas sobre la necesidad, proporcionalidad, seguridad médica, capacitación del personal, rendición de cuentas y respeto a los derechos constitucionales. Además, citaron casos de uso indebido de la fuerza en ciudades como Los Ángeles, Chicago, Minneapolis, Houston y Maine, lo que genera escepticismo sobre la capacidad del ICE para manejar esta nueva tecnología de forma segura.
Human Rights Watch también denunció la adquisición, señalando que el ICE ha cometido actos generalizados de violencia y abuso contra inmigrantes y ciudadanos estadounidenses. La organización alertó sobre el daño potencial de esta tecnología en manos del ICE, especialmente debido a la formación mínima del personal, y pidió una investigación sobre los riesgos y el posible abuso que puede derivarse de su uso.
Contexto internacional y recomendaciones
La Unión Europea ha impuesto restricciones comerciales a dispositivos que emiten descargas eléctricas por su uso abusivo y como método de tortura. En 2023, el relator especial de Naciones Unidas sobre la tortura calificó las armas de descarga eléctrica de contacto directo como inherentemente crueles, inhumanas o degradantes, y llamó a su prohibición absoluta.

