Los recientes proyectos de extracción y licuefacción en Sonora, como los relacionados con gas y amoniaco, generan preocupación por su impacto en los recursos hídricos y el equilibrio ambiental de la región.
Estas iniciativas, promovidas bajo el argumento de fortalecer la soberanía y la economía local, implican concesiones que pueden afectar ecosistemas valiosos, como el Golfo de California, reconocido por su biodiversidad marina y actividades productivas como la pesca y el turismo.
En localidades como Puerto Peñasco, Guaymas y Puerto Libertad, la inversión extranjera ha impulsado desarrollos que, aunque generan empleos temporales, también provocan contaminación y degradación ambiental, poniendo en riesgo recursos naturales estratégicos para Sonora.
El modelo extractivo, basado en la explotación intensiva y la dependencia de capital externo, contrasta con la necesidad de fortalecer la producción interna y la autonomía económica del estado y el país.
Expertos señalan que la verdadera soberanía requiere acciones que impulsen el mercado interno y reduzcan la dependencia de inversiones extranjeras que no siempre benefician a largo plazo a las comunidades locales ni protegen el medio ambiente.

