Desde 1968, México ha atravesado por cuatro momentos críticos que han transformado su sistema político y electoral, dejando huellas profundas en la vida pública del país. Estos episodios, conocidos como “torceduras”, reflejan la compleja relación entre gobernantes, oposición y sociedad.
El conflicto de 1968 y sus repercusiones
El primer gran quiebre ocurrió en 1968 con el movimiento estudiantil y popular que culminó en la represión policiaca en la Unidad Habitacional Tlatelolco. Aunque el número exacto de víctimas fatales sigue siendo desconocido, este episodio evidenció la tensión política y social de la época. El gobierno intentó resolver el conflicto mediante negociaciones fallidas con el Consejo Nacional de Huelga y promovió teorías conspirativas que involucraban a partidos comunistas y supuestos boicots a los Juegos Olímpicos de ese año.
En ese mismo año se reformó la Constitución para reducir la edad mínima para votar de 21 a 18 años. En 1968 solo cuatro partidos políticos estaban activos: PAN, PRI, PPS y PARM. Sin embargo, en 1975 el PAN enfrentó una crisis interna que le impidió postular candidato presidencial, lo que llevó a la apertura política de 1977. Esa apertura permitió la incorporación de nuevos partidos y la creación de legislación electoral que sustituyó la figura de “diputados de partido” por un sistema de representación proporcional.
La consolidación de la oposición y nuevas reformas
La legalización del Partido Comunista Mexicano, que evolucionó hacia el PSUM, PMS y finalmente el PRD, marcó un avance en la pluralidad política. Las fuerzas opositoras comenzaron a ganar representación en cámaras federales, locales y ayuntamientos, con el PAN destacando en elecciones municipales.
La segunda torcedura se dio en 1988 con la llamada “caída del sistema”, una elección presidencial muy cuestionada que generó una crisis política. Para mitigar el conflicto, el gobierno implementó reformas orientadas a prolongar la estabilidad del sistema político.
De la tragedia de Colosio a la alternancia
En 1994, la tercera crisis se manifestó con el asesinato de Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI. La elección presidencial de ese año contó con una participación cercana al 78 por ciento. Posteriormente, en 1996 se realizaron reformas que ampliaron el sistema político, lo que permitió que el PRI perdiera varias gubernaturas, la Ciudad de México, la mayoría en la Cámara de Diputados y finalmente la elección presidencial del año 2000.
Las victorias del PAN con Vicente Fox en 2000 y Felipe Calderón en 2006 no representaron nuevas torceduras, sino la consolidación de la alternancia democrática. Los procesos electorales de 2012 y 2018 se desarrollaron en un ambiente pacífico con un mayor número de partidos políticos.
La cuarta torcedura y los retos actuales
La llegada al poder de la llamada 4T marcó la cuarta torcedura. Este gobierno realizó un diagnóstico crítico, priorizando la ideología y negando avances previos. Se observó un resurgimiento del nepotismo con nombramientos familiares y funcionarios designados con un 90 por ciento de lealtad y solo 10 por ciento de capacidad.
Programas y proyectos como el Seguro Popular, el aeropuerto de la Ciudad de México, reformas educativa y judicial, control de la deuda pública y guarderías fueron interrumpidos. Además, se concentraron los poderes constitucionales en el Ejecutivo mediante procedimientos cuestionados en el Legislativo y se desmantelaron reformas judiciales para construir un poder parcial.
Este contexto fortaleció la presencia de la delincuencia organizada y se caracterizó por la ausencia de diálogo político, ignorando a adversarios y voces disidentes. El oficialismo adelantó candidaturas y gastos de campaña en contra de la ley y limitó la libertad de expresión con nuevas formas de censura.
Muchos mexicanos que confiaron en las promesas de cambio de Morena en 2018 enfrentan hoy un desencanto mayor que la satisfacción. Como dijo Octavio Paz, la historia sigue siendo una caja de sorpresas.

